sábado, 24 de mayo de 2014

A 50 años de la tragedia, otros grandes escándalos en el Estadio Nacional que pudieron acabar igual (1953-1965)

Por Ernesto Moreno Ampuero

Este mes se cumplirán en nuestro país 50 años de la mayor tragedia ocurrida en un campo deportivo en el Perú, en el marco de un partido de fútbol. Sí, me refiero a la catástrofe del Estadio Nacional de la tarde del domingo 24 de mayo de 1964, día en el que nuestro primer escenario lució abarrotado de 47, 155 personas –según estadísticas arrojadas por diarios de la época, pero en realidad fueron cerca de 55 mil los que colmaron las graderías del coloso de José Díaz[1]con un saldo trágico, de acuerdo con las cifras oficiales, de 312 personas fallecidas producto de asfixia y aplastados por la estampida humana que pugnó por salir por las entradas cerradas, aunque según las imágenes y versiones de numerosos testigos de los hechos, las víctimas de los lamentables sucesos fueron muchísimas más de las que se contabilizaron[2].

La hecatombe, desencadenada por un polémico gol anulado en el partido que enfrentaba a las selecciones amateurs de fútbol de Perú y Argentina con ocasión del torneo Preolímpico de Tokio 1964, fue quizás el punto más álgido de una década de agudas tensiones político-sociales en la capital y el resto del país, que también se vieron reflejadas en el deporte rey. Sin embargo, no se trató del único triste capítulo por recordar. En varias oportunidades, anteriores al mencionado episodio, también se presentaron reprochables desmanes del público espectador en las tribunas, que por poco no acabaron en el mismo fatal resultado.

La violencia y la protesta radical se habían enquistado en el seno de la sociedad de entonces y adquirieron un particular significado político. Para entender la tragedia, no debe recurrirse exclusivamente a factores netamente futbolísticos o deportivos como el error humano de tener cerradas las puertas de acceso al estadio, el fanatismo del embriagado Víctor Matías Campos Vásquez, alias “negro Bomba”, o las desacertadas medidas policiales de arrojar gases lacrimógenos a las tribunas Oriente y Norte. Hubo otros factores que explican la descomunal cantidad de muertos y se encuentran más allá de lo meramente futbolístico. Recordemos que el Perú de la década del 60’ del pasado siglo estuvo marcado fuertemente por una crisis económica, política y social, era la agonía del poder de la Oligarquía en el país[3]. Un clima convulsionado por la aparición de los movimientos guerrilleros y campesinos que pugnaban por el reparto de la tierra a través de la Reforma Agraria[4]. Es más un año después (1965) hubo una similar que, felizmente, no llegó a mayores pero demostró que no se había aprendido la lección y lo político del problema de la violencia. A continuación un breve recuento de otros escándalos y broncas en el mismo recinto deportivo que bien pudieron acabar en la tragedia:

1)   Sudamericano de Fútbol de 1953: Perú hizo historia al derrotar, con gol de Luis Navarrete, por primera vez al favorito Brasil, en el máximo torneo de fútbol que congrega a las selecciones de Sudamérica. El campeonato, que fue organizado por Paraguay, se celebró íntegramente en Lima y tuvo como único escenario el recientemente remodelado, por entonces, Estadio Nacional, obra de Manuel A. Odría[5], obra que se ejecutó merced a la bonanza económica que vivió su dictadura por la coyuntura internacional[6]. El ex presidente tarmeño había puesto mucho énfasis en la realización de este torneo de acuerdo con sus prédicas populistas, fines proselitistas y de legitimación del gobierno de facto[7], en un clima social adverso de represión de libertades y persecución a sus opositores políticos[8]. La noche del jueves 19 de marzo de aquel año, Lima y el país entero festejaron con mucha algarabía el épico triunfo nacional sobre el temido ‘scratch’, país al que se le reconocía tener la batuta del balompié sudamericano de la época. El nuevo Estadio Nacional, lleno de bote a bote con 50 mil asistentes en su interior y alrededor de mil personas que se quedaron sin ingresar, fue testigo de la memorable victoria pero también de un censurable incidente que protagonizaron los jugadores de la selección brasilera al término del encuentro[9].

El escándalo fue provocado por los cariocas quienes malos perdedores, al finalizar el partido, no aceptaron la derrota con hidalguía y agredieron cobardemente al referee inglés Charles Mackenna en señal de impotencia y en protesta por un supuesto mal arbitraje que los perjudicó. Los suplentes de Brasil ingresaron al campo para reclamar y en confusa reacción rodearon al juez en momentos que el público se abalanzó sobre los futbolistas peruanos para celebrar y premiarlos por su brillante actuación[10]. Es aquí cuando el escándalo se generaliza. El volante Danilo y el defensa Djalma Santos fueron sindicados como los autores de las desleales acciones en contra el árbitro; el primero le aplicó un furibundo pelotazo en la cara y el segundo una artera patada en la nuca cuando Mackenna caía conmocionado. Antes que el tumulto organizado degenere en una terrible batalla campal que lleve a funestas consecuencias, la policía en rápida y enérgica intervención sofocó el cuadro y envió a los iracundos brasileros a sus camerinos.



2)     Sudamericano de Fútbol de 1957: Lima era escogida, por quinta vez, sede del torneo continental más antiguo del mundo que se efectuaría durante el segundo gobierno de Manuel Prado y Ugarteche[11], quien había ascendido al poder el año anterior[12]. Perú figuraba entre los candidatos al título por la localía. El Estadio Nacional nuevamente se convirtió en testigo de otro escándalo. Y los protagonistas serían dos viejos conocidos: Perú y Brasil, selecciones que se enfrentaron en la quinta fecha del torneo, el domingo 31 de marzo de 1957. El motivo esta vez fue un polémico penal –que luego convirtió el genial atacante Didí– sancionado por el árbitro inglés Ronald Lynch, quien por la bronca que se desencadenó tuvo que suspender el partido[13]. El referee, al minuto 20’ del segundo tiempo de un partido igualado a cero que los nacionales jugaban mejor, le cobró una discutida falta dentro del área al defensor peruano Willy Fleming sobre el atacante brasilero Pepe.

Enfurecidos hinchas y desconocidos ingresaron al campo para agredir al árbitro y tratar de hacer justicia con sus propias manos. El peruano Salas intervino en el momento exacto que Lynch iba a recibir el ataque de un aficionado. Los ánimos se caldearon más tras el airado reclamo de Fleming por considerar ilegítimo el cobro. El juez, atemorizado, abandonó el campo acompañado de policías y del capitán del equipo peruano Luis Calderón antes de que se generalice la bronca. Finalmente, no le quedó otra que suspender el partido por falta de garantías. Este; sin embargo, no se volvería a jugar y Brasil fue declarado ganador. Perú acabó el certamen en cuarto lugar detrás de Argentina, Brasil y Uruguay.

3) Eliminatorias sudamericanas en 1961: Perú sumaría su segunda eliminatoria mundialista –y otro escándalo– nuevamente bajo el segundo régimen de Manuel Prado y Ugarteche. Caracterizó a este periodo, la crisis político-económica del Estado oligárquico y la proliferación de las guerrillas campesinas, que ya se habían manifestado en el interior del país en afán de mejoras en el agro[14]. Colombia resultó el país elegido para disputarnos un cupo sudamericano para el mundial de Chile 1962[15]. A pesar de que nuestra selección, por entonces, no contó con los mejores jugadores que brillaban en el extranjero por la negativa del permiso de sus clubes –tales como Seminario, Loayza, Benitez, Gómez-Sánchez, Joya y Delgado– mantenía chances intactas de clasificar directamente al mundial sureño, a jugarse en única llave de dos partidos.

La selección dirigida por el recordado entrenador Marcos Calderón –quien tuvo que reunir una selección de emergencia, plagada de veteranos– cayó por la mínima diferencia en su visita a la altura de Bogotá[16]. El partido de vuelta se jugó en Lima, que sirvió también para homenajear y otorgarle los Laureles Deportivos al billarista Adolfo Suárez por salir campeón en el mundial de Ámsterdam, la tarde del domingo 07 de mayo de 1961 ante un abarrotado Estadio Nacional con más de 50 mil personas, cuyas esperanzas estaban cifradas en que Perú derrote a los colombianos para que se dispute un tercer partido definitorio en cancha neutral. El crecimiento poblacional limeño[17] se vio reflejado con la monstruosa cantidad de gente que asistió aquella tarde a nuestro primer escenario deportivo.

El encuentro no pudo tener mejor inicio para los locales. Nuestra selección rápidamente en el minuto 2 se pondría adelante en el marcador, de penal ejecutado por el delantero Faustino Delgado. El gol tempranero; sin embargo, solo fue una falsa ilusión de un buen accionar. Colombia igualó el partido y pudo ganarlo de no fallar un penal en el segundo tiempo[18]. Con este magro empate quedamos eliminados y se comprobó el lamentable nivel y decadencia del fútbol peruano, por entonces. Lo reprochable sucedió al final del partido. El escándalo esta vez no vino producto de un supuesto mal arbitraje. Ciertos malos aficionados peruanos en reprochable actitud, presas de la frustración por el fracaso futbolístico, hicieron fogatas en las tribunas en señal de protesta por la paupérrima actuación peruana; lenta y desorganizada, carente de técnica y calidad. La policía tuvo que sofocar a los revoltosos y obligarlos a salir rápido de las graderías para que este no llegue a mayores.

4)    Amistoso de 1962: Perú perdió 4 a 1 ante Real Zaragoza de España en medio de tremendo escándalo que por poco y termina en otra tragedia que lamentar. El club de la Romareda, que contaba entre sus filas con el concurso de los peruanos Juan Seminario y Guillermo Delgado, se encontraba de gira en Sudamérica, tras finalizar la liga española en la cuarta posición. Los maños, procedentes de Argentina, pactaron un par de amistosos ante la selección nacional. Por entonces, su principal atracción era el peruano Seminario, apodado el Loco, quien había salido ‘pichichi’[19] de aquella temporada 1961-1962, con el mérito de superar a grandes futbolistas mundiales de la talla del brasilero Evaristo y el húngaro Puskas. La presencia del artillero piurano produjo una inusitada expectativa en la afición peruana, alentada por la prensa deportiva, desde días previos al partido contra los chapetones.

La tarde del domingo 13 de mayo de 1962, el Estadio Nacional se convirtió en un hervidero y olla a presión, no solo por el flojo desempeño de la selección sino por la discutida decisión, para el público, del correcto árbitro Arturo Yamazaki de expulsar a la vedette del encuentro[20]. Perú perdía uno a cero desde el minuto 16, gracias a un penal bien ejecutado por Seminario. Sin embargo, a pocos minutos de culminar el primer tiempo, el referee tuvo por bien expulsar a Seminario por liarse a trompadas con el defensor peruano Bravo en una jugada en ataque. El público limeño iracundo porque no vería más al loco en el partido, en censurable reacción se abalanzó sobre el terreno de juego para agredir al juez. Uno, armado de chaveta en mano, emprendió veloz carrera hacia él[21]. El incidente, felizmente, no llegó a mayores, a pesar de que el árbitro fuera perseguido hasta la entrada a los camerinos por una turba enceguecida de casi 200 personas que le reclamaron las expulsiones, como se aprecia en imágenes de los diarios de la época. Hubo profunda decepción, varios detenidos y golpeados, pero el resguardo policial a tiempo y el auxilio de sus linesman, Allemant y Hernández, evitó una real tragedia. Mientras que las cerca de treinta mil personas, exaltadas en las tribunas destrozaban bancas de madera en Oriente y rugían porque Yamasaki había dado por suspendido el match y los jugadores españoles no querían regresar a la cancha por falta de garantías.

La Federación Peruana de Futbol, en procura de salvar el espectáculo, para calmar al público y evitar más desmanes, ‘convenció’ a los españoles de terminar el partido. Según las fuentes periodísticas, se les amenazó con no repartir la taquilla o detenerlos, de no volver al campo. También se determinó, en un hecho insólito y contrario a las reglas del juego, que para el segundo tiempo los expulsados Seminario y Bravo regresen al campo, pero con el árbitro asistente Hernández como principal, apaciguando de esta manera los ánimos caldeados.


5)      Eliminatorias sudamericanas de 1965: Lima atravesaba una etapa de modernización y desarrollo urbano durante el primer gobierno del arquitecto Fernando Belaúnde Terry[22], luego envuelto en una aguda crisis política y económica que terminó con su derrocamiento por los militares. Esta inicial serie de cambios favorecida por la acertada administración bealaundista también estuvo impulsada por el rápido crecimiento poblacional _consecuencia de la migración provinciana a la capital debido a la crisis del agro y aparición de los movimientos guerrilleros en el interior del país_ que derivó en un ensanchamiento de la ciudad[23].

En este contexto, nuestra selección de fútbol en junio de 1965 buscó _tras dos intentos sin éxito desde que empezó a jugar las eliminatorias en 1957_ la ansiada clasificación al mundial de Inglaterra del siguiente año. Como recordaremos, Perú en la década del cincuenta del pasado siglo no participó de las eliminatorias al Mundial de Brasil 1950 y Suiza 1954, por supuestas cuestiones políticas.

A un año de la tragedia que enlutó al país entero, que los peruanos no terminaban de superarla, lastimosamente el público demostró que tampoco aprendieron la lección y una vez más su inmadurez. En su tercer partido del grupo eliminatorio, Perú cayó derrotado por 1-0 ante Uruguay en el Estadio Nacional -refaccionado por motivos de seguridad, tuvo que reducirse 5 mil localidades de su capacidad al eliminarse la perrera- colmado de 50 mil personas, según mencionan los diarios de la época fueron 44, 033 los pagantes[24]. Con este resultado se esfumaban, en medio de otro escándalo, casi todas sus aspiraciones incaicas de clasificar al mundial de Londres. Se tenía que ganar a los charrúas de visita en Montevideo, único resultado que le valía a Perú para forzar un tercer partido de desempate. Es por eso que la dolorosa derrota como locales caló hondo y encendió a los aficionados que asistieron aquel domingo 06 de junio al coloso del José Díaz.

Al finalizar el deslucido encuentro ante los orientales, un sector irresponsable del público generó reprochables incidentes, provocó desmanes e hirió a algunos policías en protesta por el mal arbitraje, culpándolos de no evitar el juego brusco de los visitantes. Mientras los uruguayos trataban de abandonar el campo e ingresar a los camerinos, el público le lanzó proyectiles desde la tribuna sur. El pánico se instaló nuevamente en el Nacional aquella tarde y por los autoparlantes se pedía serenidad. No obstante, la policía tuvo que hacer uso de mangueras con potentes chorros de agua para desalojar a los malos hinchas que, posteriormente, en las afueras, aprovechando la confusión, causaron saqueos y destrozos a los negocios ambulantes. El matiz político con que se tiñeron los sucesos quedó evidenciado también ya que en este sector estuvo un grupo de la barra del grupo comunista de la Universidad San Marcos y en que el agresor del policía, que salió en defensa de una anciana a la que le alcanzó el chorro de agua, era un partidario del APRA de la Universidad Federico Villarreal[25]. La atemorizada delegación charrúa, casi dos horas después, recién pudo salir del estadio con destino al hotel donde se hospedaban. Rumor de otra tragedia inquietó las calles de Lima y redacciones de diarios y radios horas más tarde. Felizmente, hubo algunos detenidos, heridos y golpeados, pero solo quedó en eso.


Fuentes y bibliografía:

Periódicos:
-Diario El Comercio: marzo de 1953, marzo de 1957, mayo de 1961
-Diario La Prensa: marzo de 1953, marzo de 1957, mayo de 1962, mayo de 1965
- Diario La Crónica: mayo de 1961, mayo de 1962
- Diario Correo: junio de 1965

Revista:
- CONFEDERACIÓN SUDAMERICANA DE FÚTBOL. “Historia de la Copa América: de Argentina 1916 a Venezuela 2007”. 2da edición.
- INSTITUTO PERUANO DEL DEPORTE. Estadio Nacional: una Joya Arquitectónica para el deporte peruano. K & K Editores Internacionales. Lima. 2011.

Libros:
- BAYLÓN, Liliana. RAFAEL ASCA [Memorias]. Grupo Punto Perú Dos. Lima. 2013.
- CONTRERAS, Carlos y CUETO, Marco. Historia del Perú Contemporáneo. Instituto de Estudios Peruanos. Lima. 2007.
- KLAREN, Peter. Nación y sociedad en la historia del Perú. Instituto de Estudios Peruanos. 3era edición. Lima. 2004.
- PEASE GARCÍA, Henry. El Ocaso del poder oligárquico: lucha política en la escena oficial, 1968-1975. 3era edición. Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo. Lima. 1980.






[1] Diario La Prensa, viernes 21 de mayo de 1965
[2] INSTITUTO PERUANO DEL DEPORTE. Estadio Nacional: una Joya Arquitectónica para el deporte peruano. K & K Editores Internacionales. Lima. 2011. pp. 94
[3] PEASE, Henry. El Ocaso del poder oligárquico: lucha política en la escena oficial, 1968-1975. 3era edición. Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo. Lima. 1980. pp. 17
[4] CONTRERAS, Carlos y CUETO, Marco. Historia del Perú Contemporáneo. Instituto de Estudios Peruanos. Lima. 2007. pp. 314
[5] Confederación Sudamericana de Fútbol. “Historia de la Copa América: de Argentina 1916 a Venezuela 2007”. 2da edición. pp. 187
[6] CONTRERAS, Carlos y CUETO, Marco. Op cit. pp. 296
[7] Perú perdió increíblemente por 1-0 ante la débil selección de Bolivia en el primer partido del certamen. Odría estuvo en la tribuna muy enojado por la derrota. Al general le llegó información de que el día anterior del partido algunos jugadores estuvieron celebrando en el Hipódromo de Monterrico el cumpleaños de su rival político y opositor Víctor Raúl Haya de la Torre, a lo que atribuyó el bajo desempeño del equipo. El presidente culpó al portero Asca y ordenó inmediatamente su encierro y traslado al Frontón. Tras algunas horas de tensa espera gracias a la intervención de testigos que lo defendieron, el portero sería  exculpado de los cargos y puesto en libertad. RAFAEL ASCA (Memorias). Autora: Liliana Baylón. Grupo Punto Perú Dos. Lima. 2013.
[8] KLAREN, Peter. Nación y sociedad en la historia del Perú. Instituto de Estudios Peruanos. 3era edición. Lima. 2004. pp. 367
[9] Diario El Comercio, viernes 20 de marzo de 1953.
[10] Diario La Prensa, viernes 20 de marzo de 1953.
[11] Confederación Sudamericana de Fútbol. Op. cit. pp. 211
[12] KLAREN, Peter. Op. cit. pp. 376
[13] Diario La Prensa, lunes 01 de abril de 1957
[14] CONTRERAS, Carlos y CUETO, Marco. Op cit. pp. 315
[15] Diario El Comercio, lunes 01 de abril de 1957
[16] Diario La Crónica, lunes 01 de mayo de 1961
[17] KLAREN, Peter. Op. cit. pp. 393
[18] Diario El Comercio, lunes 08 de mayo de 1961
[19] Apelativo con que se designa en España al máximo goleador de la Liga de fútbol de primera división.
[20] Diario La Prensa, lunes 14 de mayo de 1962
[21] Diario La Crónica, lunes 14 de mayo de 1962
[22] KLAREN, Peter. Op. cit. pp. 393
[23] CONTRERAS, Carlos y CUETO, Marco. Op cit. pp. 300
[24] Diario La Prensa, lunes 07 de junio de 1965
[25] Diario Correo, lunes 07 de junio de 1965

miércoles, 21 de mayo de 2014

Alberto Gallardo y su histórico récord en el fútbol peruano

Por Ernesto Moreno Ampuero*

Félix Alberto Gallardo Mendoza -más conocido como el ‘Jet’ Gallardo por su velocidad y furibundo latigazo- es el máximo ídolo del club Sporting Cristal del Rímac y a su vez, creemos, uno de los jugadores más importantes de la historia del fútbol peruano. Don Alberto Gallardo, natural de Chincha (1940), muy joven llegó al club rimense, esto a inicios de la temporada 1960 procedente del fenecido equipo Mariscal Castilla, por obra de los fundadores del club cervecero, el matrimonio Ricardo Bentín - Esther Grande.

El romance indisoluble entre Gallardo y Sporting Cristal, fue a primera vista y se selló para toda la vida, incluido en el más allá, desde donde defiende su querida divisa bajopontina en el «cielo celeste», como él siempre decía. El veloz atacante durante la década de los sesenta y setenta del pasado s. XX fue protagonista de grandes campañas tanto a nivel local -donde como jugador salió tetracampeón, además de dos veces goleador del torneo, superando la valla de los 100 goles, y como entrenador le dio una estrella a finales de los ochenta- e internacional en las Copas Libertadores que disputó, donde pudo ser vendido al Barcelona de España, tras su buena campaña individual en 1962 al anotarle sendos goles al Racing de Avellaneda y Nacional de Montevideo en el estreno celeste en el máximo torneo de clubes de Sudamérica. Pero sus goles, a nivel de clubes, por entonces se exportaron nada menos que a las competitivas ligas de Italia y Brasil al ser transferido al Palmeiras, AC Milán y Cagliari.

Con la selección nacional, también demostró su valía y fama de goleador. Es el único jugador peruano que ha marcado en TODOS los torneos oficiales que jugó; sin embargo, este singular hecho no es muy valorado por la totalidad de la prensa y crítica deportiva especializada. Muchos desconocen que el legendario Gallardo, quien nos abandonó sorpresivamente a temprana edad en enero del 2001, marcó goles trascendentes en el Mundial de México 1970, eliminatorias de 1969, Copa América de Bolivia 1963, Preolímpico de Lima 1960 y en los Juegos Olímpicos de Roma del mismo año.  Hasta en los amistosos con la selección lo hizo. Ningún jugador peruano de antaño y la actualidad posee este histórico récord.

La historia del fútbol peruano de aquellas épocas está asociada inevitablemente a su figura, aunque muchas veces los medios deportivos no lo quieran reconocer y prefieran resaltar a otros jugadores. Y hasta acá solo hemos hablado del lado netamente deportivo, sin tocar su excelente perfil humano y solidario, del que hoy muchos recuerdan con aprecio, como sus amigos del Puericultorio Pérez-Araníbar, compañeros del fútbol, familiares y los varios jugadores que formó desde su faceta como forjador de divisiones menores en la Florida, Guardia Republicana y Bolognesi de Tacna, entre otros clubes. Y del que fácilmente se pueden escribir muchas crónicas y semblanzas más.

Y como dicen goles son amores. Don Alberto Gallardo, eterno sin duda, un grande del fútbol peruano.


(*Foto: tomada de Depor)

lunes, 28 de abril de 2014

Fútbol y Política: «Entre balconazos y vueltas olímpicas. Velasco Alvarado y Morales Bermúdez en las Eliminatorias a México 1970 y Argentina 1978»

Por Ernesto Moreno Ampuero*
* Egresado (Bachiller) de Historia de la Facultad de Ciencias Sociales, UNMSM

En agosto de 1969 en nuestro país se cumplían dos mes de promulgada la polémica Reforma Agraria (Ley N° 17716), contemplada en el famoso «Plan Inca». El «Gobierno Revolucionario de las FF.AA.» dirigido en su primera fase por Juan Velasco Alvarado, de clara tendencia nacionalista, estatista y socializadora puso en práctica uno de los máximos reclamos perseguidos por los campesinos desde la década de 1950, bajo el lema ‘la tierra es de quien la trabaja’. Un año antes había nacionalizado los yacimientos petrolíferos de la Brea y Pariñas en Talara, en poder de la International Petroleum Company, para lo cual tuvo que devolverse millones de dólares del fisco a la familia Rockefeller, dueña de la empresa petrolífera, por un supuesto cobro indebido de impuestos. Esta primera medida netamente popular fue saludada por diversos políticos de derecha e izquierda, intelectuales y ciudadanos.

El General de División, Juan Velasco Alvarado, a la sazón presidente del Comando Conjunto de las FF.AA., había llegado  a la presidencia tras derrocar a Belaúnde en octubre de 1968. El ‘Chino’, como también se le conoció a Velasco, de esta manera, asestó un duro golpe a la oligarquía peruana[1] -defendida desde el Parlamento por la inédita alianza política entre Odriístas y apristas: APRA-UNO (conocida también como la “Súper Convivencia”) que interpuso todo tipo de trabas para que el gobierno Belaundista no lleve a cabo las reformas con las que ascendió al poder(entre ellas las de ofrecer solución a la desigual concentración territorial en el campo en pocas manos)- al arrebatarles su poder fáctico más preciado: la propiedad de la tierra. Numerosas haciendas y latifundios de la costa y sierra del país sucesivamente serían expropiadas y convertidas en cooperativas agrarias de propiedad social durante los siguientes años. Muchas de las grandes familias de gamonales y terratenientes del centro y norte del país se vieron bastante perjudicadas con la ejecución de la referida reforma.

Considerada como radical, esta medida del gobierno de reivindicar a la ignorada clase campesina obedeció a la dramática y urgente coyuntura del agro peruano, cuyo punto más álgido se produjo en los setentas del siglo XX[2]. Los medios de comunicación, radiales, escritos y televisivos, controlados por la dictadura militar, diariamente reportaban los avances de la mencionada Reforma en el interior del país.

En esta circunstancia, la política peruana del gobierno de turno se apoyó en el fútbol como un novedoso “opio del pueblo” y su fórmula de “pan y circo”  -favorecida por su masiva convocatoria-.  Se sirvió de este deporte para generar adeptos al reciente régimen, acallar o neutralizar críticas de la oposición y legitimar la dictadura ante la población. Por un lado, no fue extraño ver pues a militares presidiendo algún club limeño o dirigiendo las principales entidades del deporte en el país[3]. Tampoco sorprendían las visitas que los representantes del gobierno, casi todos ministros militares, hicieron constantemente a las concentraciones de la selección o la presencia de éstos en cuanto eventos deportivos que concitaran la atención de gran público se produzcan.

Uno de estos casos sucedió por ejemplo en agosto de 1969. La selección peruana de fútbol luchaba por su clasificación al Mundial que se iba a realizar en México el siguiente año. De aquella magnífica campaña muchos recordarán el célebre empate a dos ante Argentina en la mítica Bombonera de Boca Juniors, gracias a los goles del delantero Oswaldo ‘Cachito’ Ramírez. Pero pocos, seguro, que esta hazaña se gestó desde el primer partido del grupo con la resonante victoria sobre Argentina por 1 a 0 en el Nacional de Lima. Sin embargo, la proeza en Buenos Aires quizás no hubiera tenido tal significado si días antes no se derrotaba a Bolivia por 3-0 en Lima, triunfo que nos puso a tiro de la clasificación. La trascendencia del partido ante los bolivianos de cara a la clasificación, y su impacto mediático en el aficionado peruano, lo supo perfectamente Velasco, quien no dejó pasar la oportunidad de robarles el show a los futbolistas aprovechando que dicho día nuestro primer escenario deportivo lució totalmente colmado. Y vaya chapuzón de popularidad que se dio. La coyuntura deportiva, por entonces, se prestó para sus soterrados fines: el patriotismo desbordado del público peruano. ¿Por qué? El Estadio Nacional de Lima, lleno de bote a bote, se presentó como escenario perfecto para la revancha contra la selección de Bolivia, que la semana anterior, el domingo 10 de agosto, nos había infligido una dolorosa derrota en el Estadio Hernando Siles de La Paz. El clima de animadversión y «venganza» contra el rival no se generó tanto por el marcador, que fue un ajustado 2-1, sino porque tal resultado fue favorecido y producto del vergonzoso arbitraje del yugoslavo-venezolano Sergio Chechelev[4].

Aquella recordada tarde del domingo 17 de agosto nuestro himno nacional fue fervorosamente coreado por las cerca de 50 mil almas que retumbaron el recinto deportivo. Seguidamente el Presidente de la República, Juan Velasco Alvarado, rompió todos los precedentes en los anales del fútbol peruano y bajó desde la tribuna oficial para entrar al campo de juego, estrechar la mano y abrazar a cada uno de los jugadores de la blanquirroja; mientras el público enloquecido de las cuatro tribunas incansablemente ovacionaba el gesto populista.

Velasco sorpresivamente hizo lo mismo con el árbitro del partido y los integrantes de la selección altiplánica. Después del saludo dio una vuelta olímpica por la pista atlética del Estadio Nacional acompañado del Ministro de Educación, General Alfredo Arrisueño, del Ministro del Interior, General Armando Artola, y del Presidente del Comité Nacional de Deportes, Dr. JavierAramburú[u1]  Menchaca; por su parte el público seguía jubiloso y caluroso con la ovación.  La tribuna de honor y la preferencial -siempre símbolo de la flor y nata de la oligarquía- no se quedó atrás y también aplaudió fervorosamente, aunque parezca mentira, mientras el Presidente declaraba: “Arriba Perú. Saludo a la afición peruana que en este momento grande vibra con el deporte. Creo que el deporte ha tenido la virtud de acrecentar el nacionalismo en el Perú. Ese nacionalismo tiene olor a petróleo y Reforma Agraria.”

Se trató quizás de la única vez que un presidente peruano recibió semejante aceptación de público en un recinto deportivo. Nunca fue más aplaudido un Jefe de Estado. Esto también se explica porque en la memoria de las personas seguía fresca la toma de la refinería de Talara de manos norteamericanas, hecho que se celebró posteriormente a lo largo del gobierno militar cada 09 de octubre con el “Día de la Dignidad Nacional”. Muchos creyeron que Velasco Alvarado encarnaba el ideal de progreso y cambio que el primer gobierno Belaundista no logró por diversos factores políticos, tales como el constante boicot parlamentario de la Coalición APRA-UNO, que le impidió cumplir las reformas prometidas y que en la agenda velasquista, ya sin Congreso de por medio, eran prioridad. La gente le tomó bastante cariño por ello, pero lo que en realidad buscaba Velasco era legitimar su inicial régimen que no llevaba ni un año de instalado antidemocráticamente. Para seguir adelante con su plan de nacionalizaciones necesitaba de un respaldo popular masivo y para ello requería una fuerte base social. Y el fútbol, conforme a sus intereses populistas, aumentaba el ferviente nacionalismo en la población.

Semanas después, al presente episodio, Perú alcanzó la ansiada clasificación al Mundial de México tras el empate que, con mucha garra, obtuvo en la inexpugnable Bombonera ante la Argentina de Perfumo, Brindisi, Marzolini, Rendo y Tarabini, y que ya todos sabemos se celebró con mucha algarabía. Desbordes y fiestas populares, caravanas de hinchas, bailes en las calles, manifestaciones espontáneas en todo Lima y varias partes del país daban cuenta del notable efecto distractor-y de espectáculo- que el futbol podía conseguir. Los festejos en el país se extendieron durante los siguientes días en la capital. Lo que engrandeció aún más la hazaña fue que solo se contaba con jugadores locales que luego se consagrarían a nivel mundial como Sotil, Chumpitaz, Gallardo y Cubillas. Mientras el ‘futbolero presidente Velasco no desaprovechó ningún instante y se “subió al podio” de los mundialistas promoviendo multitudinarios balconazos desde su casa, además de innumerables agasajos en Palacio de Gobierno en los que no perdía el tiempo de fotografiarse con los principales jugadores. Una sobreexposición digna de película.

Durante esta década el futbol peruano colectivamente vivió un auge inusitado, del que se careció en los 50’ y 60’. Las buenas actuaciones del combinado nacional situaron al deporte rey en el corazón mediático de la prensa. A su vez, en esta década el fútbol se terminó de convertir en parte neurálgica de nuestra vida en sociedad[5]. Ello se debió a que el Estado invirtió desde la educación pública en el deporte. Así, por ejemplo, tenemos los torneos inter-escolares en las emblemáticas grandes unidades, semilleros muchas veces de grandes cracks. Se privilegió la enseñanza de la educación física y la práctica del futbol, vóley, basquet y el atletismo entre otras disciplinas pero siempre fiel a la doctrina nacionalista, acorde con la ideología del régimen militar en el poder. Se reafirmó el “Mente sana, en cuerpo sano”.

La ‘época dorada’ del futbol peruano y las dictaduras militares

Como vimos, la denominada época dorada del futbol peruano coincidió con la dictaduras militares de los setentas y se prolongó hasta inicios de los ochentas, con el regreso de la democracia y restauración en el poder del derrocado arquitecto Fernando Beláunde. Durante esta década —marcada políticamente, como ya se dijo anteriormente, por el Gobierno Revolucionario de la FFAA— nuestro país gozó de un bien merecido prestigio futbolístico tanto a nivel sudamericano como mundial debido a la brillante generación de futbolistas que conquistaron para el país su segunda Copa América, en 1975 tras derrotar en la final a Colombia, y alcanzar en dos oportunidades los cuartos de final de los mundiales en los que se participó.

Aquella notable camada de jugadores estuvo conformada inicialmente por Víctor Zegarra, Julio Baylón, Pedro Pablo León, José Fernández, Luis Cruzado, Héctor Chumpitaz, Roberto Challe, Ramón Mifflin, Alberto Gallardo, Orlando de la Torre, Eloy Campos, entre otros, complementada luego de manera acertada, por Teófilo Cubillas, Hugo Sotil, Juan Carlos Oblitas, Juan José Muñante, César Cueto, Percy Rojas, Alfredo Quesada, Jaime Duarte, Rubén Díaz, José Velásquez, Gerónimo Barbadillo y un experimentado Julio Meléndez.

Pero creemos que debajo de esta política del fomento del deporte y los valores en el país se ocultaban otros fines instrumentales. ¿Era el futbol un nuevo ‘opio del pueblo’? Para la época ya se había consolidado como un deporte de masas, era el preferido por la afición. Se convirtió también en un fenómeno sociológico que reflejó el rápido crecimiento poblacional de Lima producto de las migraciones de la costa, sierra y selva; norte, centro, oriente y sur del país, como lo demostró por ejemplo nuestra selección amateur que participó por segunda y última vez en unas Olimpiadas de fútbol (Roma 1960). El público acudía masivamente al Estadio Nacional a ver los famosos ‘tripletes’ de partidos tanto del Descentralizado, la Finalísima de la Copa Perú, los antiguos Campeonatos Nacionales Amateurs –disputados cada dos años– y sobre todo cuando jugaba la selección tenga o no posibilidades de clasificación. Esto lo sabían bien los militares por lo que se aprovecharon del futbol y su coyuntura para contentar a las multitudes, y legitimar sus dictaduras, con la creación del Instituto Nacional de Recreación, Educación y Deporte (INRED), semejante a lo que hoy es el Instituto Peruano del Deporte (IPD), bajo la influencia del modelo cubano castrista[6]. Mediante este organismo fiel al totalitarismo de las dictaduras se buscó ejercer un control ideológico sobre la población a través del nacionalismo en los deportes amateurs.

Para las eliminatorias al mundial de Argentina 1978 sucedió algo similar. El sábado 26 de marzo de 1977 en el Estadio Nacional, en el último partido del grupo que también compartía Ecuador, nos jugábamos la clasificación ante Chile. Una revancha quedaba pendiente por saldar ante los sureños que nos dejaron fuera del Mundial de Alemania 1974, tal vez por un exceso de confianza de nuestra selección aquella vez. Perú llegaba a este nuevo ‘Clásico del Pacífico’ casi en igualdad de posibilidades que los de la estrella solitaria. Se debía ganarles, obligatoriamente, para poder acceder a la liguilla final de los mejores 3 equipos de Sudamérica, que finalmente otorgaba dos cupos al mundial argentino[7]. En la semana previa, casi todos los ministros del régimen militar, a la cabeza de Francisco Morales Bermúdez, declararon sobre el partido como si fueran los jugadores demostrando así la trascendencia que tenía el deporte para sus fines. Aunque valgan verdades, prácticamente toda la presente eliminatoria se comportaron así. El jefe del INRED, Luciano Cúneo, en plena coyuntura de efervescencia manifestaba reavivar los proyectos de ampliación del Estadio Nacional[8]

Finalmente en un ambiente festivo, Perú venció con total justicia por 2-0 a Chile con goles de Sotil y Oblitas, mientras el presidente Morales Bermúdez[9] hizo un espectáculo que no fue tan celebrado como el que Velasco había hecho 8 años antes. Algunos testigos del acto mencionan que estuvo con unas copas de más. Sin embargo, pese al rechifle ensordecedor de algunas tribunas, que le gritaban no hacer política con el fútbol, como ante la ovación de las otras, no pudo contener su emoción y, una vez que el árbitro brasilero Armando Coelho decretó el final del encuentro, dejó raudamente el palco oficial de las autoridades para meterse al campo de juego y desatar su euforia y más grandes pasiones. Se enfundó en un gran abrazó con el recordado técnico Marcos Calderón -el más exitoso de nuestro balompié- y cada uno de los jugadores. Luego se puso la camiseta del capitán Meléndez y cantó a viva voz el Himno Nacional ante el delirio generalizado del público asistente que no le silbaba. Lima, aquella noche, fue un carnaval. Los siguientes días seguían las portadas como los homenajes rendidos por el Presidente acompañado de su Gabinete Ministerial en el Círculo Militar. Perú atravesaba una racha de éxitos deportivos en básquet, vóley, futbol y golf[10]. Las promesas del Presidente Morales Bermúdez, secundado por el Ministro de Educación de la época, General Otto Elespurú, de seguir apoyando e invirtiendo en los deportes amateurs no cesaron a la vez que el exhibicionismo de los militares a lo largo de esta década.

Vemos pues que fútbol y política en nuestro país no han estado divorciados y, al contrario, estuvieron fuertemente de la mano durante la etapa más gloriosa de su historia. Aunque dicho acercamiento hacia el deporte por antonomasia de las masas –concretizado en apoyo económico del estado– siempre estuvo alineado a intereses nacionalistas, afines a los Gobiernos Militares de los setenta, que aprovechando su gran convocatoria lo emplearon para legitimar sus dictaduras y ejercer cierto control sobre la población que potencialmente pudo convertirse en opositora a sus fines políticos. El fútbol se constituyó, por entonces, debido a sus efectos distractores en un poderoso instrumento de dominación ideológica sobre la sociedad, cuyas consecuencias no dejaron pasar presidentes como Velasco Alvarado y Morales Bermúdez.

Fuentes y Bibliografía:
Libros:
- CONTRERAS, Carlos y CUETO Marco. Historia del Perú Contemporáneo. Instituto de Estudios Peruanos. Lima. 2007.
- PEASE, Henry. El Ocaso del poder oligárquico: lucha política en la escena oficial, 1968-1975. Centro de Estudios y Promoción del Desarrollo. Lima. 1980.
- LOWENTHAL, Abraham (comp.). El gobierno militar: una experiencia peruana, 1968-1980. Instituto de Estudios Peruanos. Lima. 1985.
- KLAREN, Peter F. Nación y sociedad en la historia del Perú. Instituto de Estudios Peruanos. Lima. 2004.
Periódicos:
- Diario “El Comercio” – julio, agosto, setiembre de 1969; enero, febrero y marzo de 1970, enero, febrero, marzo de 1977
- Diario “La Prensa” – julio, agosto, setiembre de 1969; enero, febrero y marzo de 1970, enero, febrero, marzo de 1977

Internet:
- Desde “1975: Cuando los militares y el INRED quisieron tumbar el fútbol profesional en el Perú”:
http://www.cronicaviva.com.pe/index.php/component/content/article/62-roberto-salinas-comenta/13141--1975-cuando-los-militares-y-el-inred-quisieron-tumbar-el-futbol-profesional-en-el-peru
- “Chechelev, un árbitro infame y descarado”:
http://leyendasyrelatosdefutbol.blogspot.com/2009/04/chechelev-un-arbitro-infame-y-descarado.html


[1] La oligarquía en el Perú ejerció un gran dominio político-social-económico y cultural sobre la mayor parte de la población del territorio. Dicha élite se enquistó en el poder de forma directa en el gobierno o de forma tácita a través de alianzas con el capital extranjero. Su estancia se dio durante buena parte de la historia de la República, desde el siglo XIX y se prolongó hasta gran parte del XX. Así, tras una lenta agonía visible en varios aspectos desde la década del 50’ del siglo pasado; la decadencia y posterior cancelación del estado oligárquico implicó evidentes cambios estructurales sobre todo en cuanto al régimen de propiedad territorial tanto en la costa como en la sierra luego de producida la Reforma Agraria en 1969, cuyas consecuencias pueden verse aún en la actualidad.
[2]La necesidad de una reforma agraria en el Perú fue planteada desde finales de los cincuenta del siglo pasado, durante el gobierno oligárquico de Manuel Prado y Ugarteche, al tomarse conciencia de los riesgos políticos y sociales de una estructura de propiedad de la tierra que excluía de su acceso a la mayoría de pobladores campesinos y que mantenía en el atraso económico a gran parte de las áreas rurales. Por ejemplo, en 1962 el gobierno militar de Ricardo Pérez Godoy, dictó una ley de reforma agraria circunscrita al valle de La Convención, en Cusco, reconociendo una grave situación de hecho resultante de grandes movilizaciones campesinas como las encabezadas por el guerrillero Hugo Blanco.

[3] Por ejemplo, el contralmirante de la Marina, Augusto Gálvez Velarde, presidió largos años el club Sporting Cristal para luego ser el titular de la FPF en 1977, tras suceder en el cargo al General Manuel Monassi, y finalmente dirigir el INRED, hoy IPD.

[4] En uno de los más tristes capítulos de la historia del fútbol peruano, las crónicas narran que si bien Perú aquella tarde no cumplió el mejor de sus partidos, lo que el árbitro cobró en contra no tuvo nombre. Casi al final del partido, anuló inexplicable e increíblemente un gol legítimo al delantero Alberto Gallardo, que a la postre hubiera sido el empate en la siempre difícil altura de La Paz. Esto provocó la indignación y protesta de todo el equipo, desencadenándose una trifulca con agresiones y drásticas sanciones. En el Nacional, momentos previos al partido de vuelta, la ira e ingenio del público peruano no se hizo esperar pues se montó un espectáculo llamado “El castigo a Chechelev”, donde un personaje vestido de charro mexicano pisoteó, apaleó y quemó un muñeco de trapo que representaba al polémico árbitro.

[5] Durante esta década tanto los medios de comunicación radiales como televisivos consolidaron la captación de la atención de las masas, proceso iniciado años atrás con la cobertura que los periódicos limeños le daban en amplias secciones deportivas especializadas en sus ediciones diarias. No olvidemos que a partir del primer mundial mexicano los partidos empezaron a trasmitirse vía microondas. Así, el fútbol logró convertirse en un fenómeno sociológico en nuestro país. Del quizás deporte más pasional y preferido por las multitudes es menester precisar que durante el tránsito de los 50’ a los 70’ logra dar pasos agigantados en su evolución favorecidos por los factores ya mencionados. Lo dicho, no solo se puede apreciar en los partidos del torneo local, sino también en los amistosos que la selección sostuvo ante potencias como Inglaterra (1959) o España (1960), en eliminatorias ante Brasil (1957), Colombia (1961) o Uruguay (1965), en los sudamericanos disputados en Lima (1953, 1957) y en los mismos encuentros de la selección amateur en los torneos preolímpicos (1960 y 1964) en los que la gente colmó nuestro primer recinto deportivo.

[6] El órgano rector del deporte peruano, en ese momento por la influencia de Fidel Castro, pasó a llamarse INRED, una copia del INDER cubano, que daba prioridad al deporte, a la educación física y a la recreación, en ese orden. La copia peruana ponía la primero a la recreación, luego a la educación física y al final al deporte. Anteriormente se llamó Comité Nacional de Deportes.

[7] Perú sumaba 4 puntos, fruto de sendos empates de visita ante Chile (1-1) y Ecuador (1-1) y un triunfo de local ante los norteños (4-0) y la victoria era una necesidad para superar a Chile que con 5 puntos, merced a sus dos victorias ante Ecuador  y un empate de local contra Perú, solo le bastaba un empate.

[8] Cúneo declaraba al diario “La Prensa”, días previos al partido ante Chile en Santiago, los deseos del Gobierno Militar de revivir un viejo proyecto de remodelación del primer escenario de nuestro país. La idea del régimen era invertir entre seis y siete millones de soles de oro en ampliar el Estadio Nacional para aumentar su capacidad a 60 mil personas.

[9] El General Francisco Morales Bermúdez dirigió el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada, en su segunda fase, al perpetrar un repudiado golpe de estado a Velasco Alvarado, conocido como el ‘Tacnazo’ en agosto de 1975. Se caracterizó por su tendencia derechista al desactivar la mayoría de reformas nacionalistas de su predecesor.

[10] En marzo de 1977, nuestro país vivió 20 días de gloria deportiva. Dicha racha la inició la selección femenina de vóley con Lucha Fuentes, Irma Cordero y Ana Cecilia Carrillo al conquistar por sexta vez el sudamericano en el coliseo Amauta, tras derrotar a Brasil. Le seguiría la selección femenina de básquet, dirigida por el norteamericano Sims, en un ambiente de verdadero carnaval deportivo al coronarse por primera vez campeona sudamericana luego de vencer al favorito Brasil. El golf no se quedó atrás con Patricio Alzamora al llevarse el título sudamericano de su categoría, en varones y Alicia Dibós, en damas.