Elección peruana como sede del torneo
Corría el verano de 1953 y Lima era designada por cuarta vez, aunque de manera casual escenario del Sudamericano de Futbol de Mayores _hoy llamada Copa América_ debido a que Paraguay, inicialmente anfitrión del torneo, no pudo realizarla por problemas de infraestructura. En esta edición solo participaron siete de los actuales diez miembros de la Conmebol, ausentándose Argentina y Colombia, en un certamen cuyo formato enfrentaba a todos contra todos. El combinado patrio que estuvo dirigido por el entrenador inglés míster William Cook _un gringo que, decía jocosamente Toto Terry en su memoria, no sabía hablar nada de castellano pero que tenía de asesor al mítico “Campolo” Alcalde_ era el candidato a llevarse por segunda vez el trofeo continental debido a la gran expectativa que se había generado en la afición al contar con algunos futbolistas de categoría que brillaban con luz propia en esa misteriosa década del 50’ del futbol peruano como “Toto” Terry, Vides Mosquera, “Huaqui” Gómez Sánchez, “Tito” Drago, Guillermo Barbadillo y Luis Navarrete entre otros incluso dándonos el lujo de prescindir de la cuota goleadora de Valeriano López, "el tanque de Casma", quien se encontraba de vacaciones en Lima con el permiso de su club el Huracán. El año anterior, el añejo Estadio Nacional, rebautizado como el “Coloso de José Díaz”, había sido remodelado por el dictadura del militar Manuel A. Odría y lucía hermoso, con un moderno sistema de iluminación artificial dejando atrás las viejas graderías de madera para darle paso al cemento. Por otro lado, Lima "la horrible" poco a poco se convertía en el "monstruo de mil cabezas" que la generación del 50' denunciaba en la literatura al formarse las primeras populosas barriadas alrededor de la capital. Éste fue el marco en el que Perú inicia su gitanesca participación en dicho campeonato y que se jugó exclusivamente en Lima.
Inicio del torneo: arranque irregular
En el partido inaugural jugamos contra Bolivia _en el papel rival accesible_ rival que nos dio un terrible cachetazo a la realidad al vencernos por 1-0 _según “Toto” Terry por subestimarlos y pensar que era “pan comido”_. Esta derrota provocó mucha incomodidad en la dirigencia y precipitó la salida del técnico británico por su poca comunicación con el plantel entrando en su reemplazo el argentino Ángel Fernández Rocca. La reacción peruana no se hizo esperar y en el siguiente partido se le gana a Ecuador por 1-0. En el tercer partido a duras penas pudimos sacar un empate a cero con los chilenos. Seguidamente, el combinado peruano se mediría frente a la aguerrida selección guaraní, que a la postre resultó ser el campeón del torneo. En un luchado partido Perú empata a 2 con los paraguayos pero se ganan finalmente los puntos en mesa debido a que el técnico paraguayo ,Fleitas Solich, antirreglamentariamente había realizado cuatro cambios cuando solo se permitían tres.
Los días previos al partido contra Brasil
Hasta que llega el jueves 17 de marzo de 1953, en que nos tocaba bailar con la más fea, el candidato de todos, Brasil, había llegado al campeonato con toda su constelación de estrellas dispuestas a reeditar el título que habían ganado cuatro años antes en su mismo país. En los días previos al encuentro los medios de comunicación habían despertado en la afición mucho interés por el duelo no solo por lo que se esperaba del poderoso juego colectivo e individual de los brasileros _que prometían mostrar su verdadero fútbol en este partido tras llegar invicto al lograr sendas victorias en sus tres primeras presentaciones ante Bolivia (8-1), Ecuador (2-0) y Uruguay (1-0)_ sino también por lo que podían mostrar los peruanos en el que era nuestro debut ante los cariocas en suelo patrio (en las tres anteriores ocasiones nunca se enfrentaron en Lima). La prensa limeña no se amilanaba ante la artillería del scratch y la superior técnica futbolística del formidable equipo brasilero. Así, el mismo día del partido el periodista Alfonso Grados Bertorini escribía en su famosa columna "Toribio Gol", en la edición de la mañana del diario "La Prensa", un apasionante pero racional artículo donde decía que, a pesar de que los cariocas podían tener en ese momento la batuta del fútbol sudamericano y en una opinión donde su corazón embargaba su razón, aquél era el momento en que los peruanos podían lograr una ansiada e histórica victoria que solamente se lograría por causas extraordinarias y con mucha fe. Se animó incluso a dar algunas sugerencias de cómo debíamos jugar, no descartando pues el batacazo peruano, que finalmente se dio. El d.t. brasilero, Aymoré Moreyra, que demostraba respeto por nuestra selección decía que esperaba que el partido contra los peruanos sea el más brillante y técnico del campeonato sudamericano y que Perú, por su localía y buen manejo del balón, sería el enémigo más difícil de vencer al afirmar que "si ganaba este partido tenían el título en el bolsillo". Sorprende también la confesión de Aymoré a La Prensa, al reconocer el trabajo psicológico del que fueron parte los brasileros para superar la frustración de haber sido derrotados en el mismo Maracaná por los uruguayos en la final del mundial de 1950 con terapias donde se les mostraba diversas fotos de jugadores brasileros heridos en la Copa Montevideo también de 1950, sacadas de revistas brasileras para generarles así un "clima de guerra" y no jueguen al fútbol al entrar al campo sino a pelear. Por otro lado el portero Castilho prometía seguir con su valla invicta en este partido que consideraba decisivo para la obtención del campeonato. Grande fue mi sorpresa cuando noté al revisar este periódico que se informaba que el mismo día del partido el goleador peruano Valeriano López, quien estuvo de espectador en los partidos del torneo, se regresaba a su equipo en Argentina luego de sus vacaciones en Lima. (Digo sorpresa porque sorprende que un goleador de su categoría no haya estado entre los jugadores seleccionados para este campeonato).
Hasta el mismo día del partido ambos técnicos no querían no quisieron darse ventaja, ni soltar prenda de sus principales armas ya que no dieron sus alineaciones principales, lo que hizo más emocionante el partido en el que los diarios jugaron su partido aparte al especular sobre los probables titulares y sus estrategias para conseguir la victoria. El ambiente previo que rodeaba a los protagonistas: jugadores, aficionados y prensa fue el de los mejores porque se vivió una verdadera fiesta deportiva.


17/03/1953 La espera que desespera: La Prensa aguardaba ansiosamente el cotejo y generó una tremenda expectativa entre los aficionados.
El partido: el día en que el corazón venció a la razón
Los 11 que saltaron al campo por Perú fueron: Asca; Allen, Delgado y Calderón; Villamares y Heredia; Navarrete, Drago, Terry, Barbadillo y Torres.
El equipo titular brasilero estuvo conformado por Castilho; Djalma Santos, Pinheiro y Nilton Santos; Brandaozinho y Elí; Julinho, Zizinho, Ipojucan; Pinha y Rodríguez.
Las 45 mil entradas se habían vendido y el Nacional lucía un apoteósico lleno de bandera, donde los hinchas esperaban ansiosos de ver un histórico triunfo de su selección en las graderías totalmente abarrotadas de las cuatro tribunas. Era el marco perfecto para la hazaña que luego se conseguiría. Tras un intenso primer tiempo en el que quedaron empatados a cero los técnicos deciden realizar algunos cambios para la segunda parte del partido destacando el ingreso de Danilo y Didí por Brasil. Llega el famoso minuto 17 del segundo tiempo y desde casi unos 30 metros, el puntero derecho de la selección nacional Luis Navarrete de un potente zurdazo vence la valla de Castilho quien vuela por los aires cual fiera tratando de impedir la conquista pero en vano y para la foto haciendo más inmortal dicho gol por la espectacularidad del salto pero sobre todo eternizando el latigazo bendito que nos dio el triunfo, como nos lo muestran las fotos. Nos dice el maestro Toto Terry, en su memoria: "Nunca pude olvidar que esa noche Barbadillo estuvo diablo. Hizo de todo el negro, le jugó a lo grande a los brasileros que tenían un equipo espectacular. El gol del triunfo lo marcó Lucho Navarrete luego de filtrarse por la izquierda y hacer un cambio de pie, para sacar un zurdazo impresionante que batió al arquero Castilho...". Mención honrosa para la saeta rubia, hoy en el cielo al igual que Navarrete, quien llegó al sudamericano lesionado de los ligamentos pero desobedeciendo las órdenes del médico se negó operar, por ese inquebrantable amor a la patria que profesaba, y así no perderse por nada del mundo ser parte de este team histórico que dio una de las más grandes alegrías al pueblo peruano.
Algunos periodistas mencionan que aquel magistral zapatazo previo al gol roza en un zaguero brasilero Pinheiro desviando la trayectoria y descolocando al portero, aunque otros señalan que la pelota entra limpia sin ninguna interferencia directa al ángulo izquierdo del pórtico defendido por Castilho pero lo que realmente nos interesa es que dicho gol provocó el delirio generalizado de los aficionados quienes gritaron como nunca antes un gol peruano que aun 57 años después forma parte de ese memorable pasado futbolístico por conservar y del que todo peruano se debe sentir orgulloso. Atribuir la causa de este triunfo a hechos providenciales y extraordinarios, como suponía Grados Bertorini, sería injusto puesto que la verdadera clave de la proeza no estuvo mas que en los mismos 11 guerreros que, con una adecuada e inteligente estrategia defensiva ordenada por el técnico Fernández Rocca, estuvieron aplicados a la hora de marcar en la zaga liderada por el caudillo y capitán de la selección Guillermo Delgado contagiando de ese espíritu deportivo a sus demás compañeros en el mediocampo que también cumplieron una destacada labor anulando casi por completo la labor de creación de ese "galáctico" mediocampo brasilero. Todos los medios en los días siguientes al partido coincidieron en que el equipo peruano ese día obtuvo una derrota inapelable ante los cariocas en mérito a su lucha, coraje, moral y sobre todo al corazón que pusieron los jugadores.
Equipo titular que, para la época, había logrado la más grande hazaña del fútbol peruano: ganarle al monstruo brasilero encima sin objeciones y demostrando superioridad.

minuto 17 del 2do tiempo: Luis Navarrete, con un magistral zurdazo desde unos 30 metros, decreta el histórico triunfo haciendo inútil la estirada del arquero. El estadio estalla en júbilo y Lima se volvió un loquerío.
Resignado el golero carioca solo hace vista de cómo entra el balón en su pórtico sin poder hacer nada.
El héroe nacional, Luis Navarrete, es llevado en hombros por los extasiados aficionados que no dudaron en meterse al campo tras su gran faena en el Nacional.